O resumo dun curso online…

 

Facer un curso online é unha decisión arriscada. Certo é que na soidade dunha casa evítase ter que prepararse, acceder ó local onde se fai o curso a toda velocidade despois de ter finalizado a xornada laboral e logo concentrarse moito para aprender cousas que deberán si ou si mellorar a túa práctica docente. Pero un curso online sempre é unha incógnita.

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Neste curso que estou a piques de rematar, sempre me resultou fluída a información. Tiven moita facilidade para entender e resolver tarefas, excepto a 8.3, por exemplo, as famosas Wikis. Pero iso dá igual. A información fluiu e puiden observar que proveito se pode extraer de cursos como o que veño de rematar: “Ambientes persoais de aprendizaxe e redes sociais”.

Tendo en conta que eu coñecía perfectamente Twitter ou sites de blogs, as Wikis e os CoPs se me revelaron como excelentes foros de posta en común de coñecementos. É certo que temos que seleccionar unha cantidade inxente de información, si. Pero isto de poñerse de acordo entre varios “iguais” e sacar adiante proxectos e temas de interese é realmente útil. Non se ten por que usar se non hai a necesidade, pero cando xurde o problema non hai plataforma mellor que un Socialwire, por exemplo, para avanzar entre iguais.

Non sei cara onde me levará o meu afán por probar cousas novas na profesión. O que si sei é que estes novos “little monsters” da aprendizaxe colectiva han de vir comigo!

 

Curare. E non é un veleno

Os contidos da “curación” na educación

“Curare” non é só un famoso veleno. É tamén un verbo en latín que significa “coidar de”. No caso que nos ocupa é un proceso selectivo e organizativo de contidos. Hai demasiadas definicións de “curator” our “curation” en inglés que teñen un difícil encaixe nas linguas románicas. Un “curador” non é un concepto habitualmente percibido en xeral como alguén que selecciona e organiza.

Para os noso obxectivo, poderíamos definir un curador non só como alguén que pode atopar bos contidos. Un bo curador debe ser alguén que sabe crear unha experiencia específica utilizando obxectos que atopa e contextualizándoos nun espacio limitado. Polo tanto, un curador non só recolecta e interpreta, senón que tamén aloxe estes contidos para crear experiencias únicas.

No caso que nos interesa, a docencia, esta definición falaríanos de que un educador debería proporcionar unha experinecia de aprendizaxe única cando selecciona e aloxa contidos que son en realidade materiais e recursos.

Buscar – Dar sentido – Compartir

Como se leva a termo un proxecto de curación? O modelo de buscar e dar sentido está moi ben definido no blog de Beth Kanter. Basicamente, a curación basease nos seguintes tres pasos, todos eles igual de importantes:

Centrarse no que ten sentido

Hoxe en día hai moi boas ferramentas dispoñibles para buscar e recoller información ou recursos. O curador debe, pola súa parte, aportar ese sentido que dá forma á búsqueda. A experiencia otorga, tamén ese sexto sentido que permite filtrar e deixar fóra a información irrelevante. Todo este proceso axuda a otorgar valor engadido ó traballo, sempre dirixido a unha audiencia.

Invertir tempo axudando ó estudante a que realice o seu propio proceso de curación

A curación consume tempo. Pero como educadores debemos aceptar isto como un investimento que axuda a simplificar o proceso de aprendizaxe dos nosos estudantes.

 

Os estudiantes deben alcanzar unha comprensión duradeira

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Como expresa Nancy White no seu blog, se queremos que os nosos estudiantes alcancen unha comprensión duradeira debemos promover a curación de contidos entre eles. Deste xeito os alumnos tomarán o control e poderase dicir que posúen a súa propia aprendizaxe , que é o obxectivo común. Se o curador é só o docente que pon sempre as bases do proceso de aprendizaxe do alumno, esta aprendizaxe nunca será tan efectiva como no primeiro caso.

Cosas del baloncesto. ¿Por qué la NBA es mejor que la Liga LEB?

 

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La NBA es puro espectáculo

Que la NBA es mucho mejor que la Liga LEB lo sabe todo el mundo. Reconozcamos que pocos han entrado en esta comparación anteriormente. No me interesa ni la diferencia de nivel técnico y físico ni el dinero que se mueva… Hablemos de la verdad auténtica: la diferencia más abismal entre ambas ligas no está ahí… Lean, lean:

Qué tiémpos aquellos… Mi primer partido en la NBA fue allá en 2003. En Los Angeles. Fue el momento en que Shaquille O’Neal había decidido que no soportaba más a un tal Kobe Bryant, la figura del equipo y el niño bonito de la afición. Ese chaval que siempre se juega el último tiro redentor, y si no entra, la culpa es de una falta que había quedado sin sanción ..  Era una NBA, a casi 10 años vista, donde las grandes figuras americanas estaban empezando a ver cómo la fiebre de los  niños de oro europeos llegaría a cambiar por completo la explotación del propio negocio.

No es fácil ser un periodista extranjero en una liga tan profesionalizada como la NBA. Es más, tienes todas las de perder, por “outsider”. Recuerdo mis primeras semanas en aquellos sagrados vestuarios, abiertos de par en par cual corral a disposición del zorro, donde pululaban estrellas en toalla… A la par que los veteranos periodistas locales de toda la vida te daban un viaje a base de jarabe de codo o te obsequiaban con una ración de zapato al tobillo para que no les pisases una entrevista. Paciencia franciscana y perseverancia innegociable deben acompañar siempre al plumilla extranjero en el entorno NBA. Eran los efectos secundarios de permitirnos el acceso total hasta la cocina a nosotros, los depredadores de vestuario, los medios de comunicación.

Por su parte, los jugadores ni siquiera se resignaban o se mostraban molestos ante esta invasión de su espacio más íntimo. Yo llegué a conocer a un Kobe Bryant que musitaba palabras sin decir nada cuando no se llevaba con Shaq y casi a la vez fue acusado de violación en Colorado. Es cierto que Iverson te podía poner cara de asesino por preguntarle por sus tiros fallados. Algunos jugadores son lo que son. Pero la mayoría de las estrellas de la NBA aceptan al periodista con total naturalidad. Es lo que les ha tocado hacer siempre. Es parte de su trabajo. Todos estos fenómenos del basket saben la importancia de la prensa y del show. Véase la reacción de asombro de la prensa española ante la actitud profesional y amable de las estrellas NBA de la selección americana en su gira preolímpica en Barcelona. Como dice Stephen Curry,  “nuestro baloncesto es espectáculo”

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Los jugadores NBA miman a sus fans. Éstos les han convertido en auténticos privilegiados.

Aún así, es de destacar que la NBA se muestra permanentemente interesada en que la prensa entre “hasta la cocina” con un solo fin: tiene que vender su producto. La competencia de las, para nosotros, bastante lejanas ligas NFL (fútbol americano), MLB (béisbol) o NHL (hockey hielo) es implacable. En contraste, en esta España obsesionada con el fútbol, la LFP, por poner un ejemplo, se sabe inalcanzable por ningún otro deporte. No tiene la más mínima competencia. De hecho, comparar un Barça-Madrid de baloncesto con su homónimo de fútbol, en términos de audiencia, es, simplemente, improcedente por la diferencia a favor del deporte del balompié. Nadie pensó jamás en serio que la ACB suponga la mínima amenaza a la primacía absoluta de la LFP. Imposible. Así pues, el fútbol da por hecho que nadie le tose y por ende va tan sobrado que no ve por qué ha de permitir el acceso de la prensa a sus estrellas: Messi, por ejemplo, icono mundial del fútbol, no concede entrevistas personalizadas a medios españoles. Para colmo, en un movimiento inaudito, los dos grandes clubes españoles de fútbol monopolizan la información deportiva sobre sus propios equipos con sus cadenas de TV, donde, evidentemente, nadie hará una incómoda pregunta a Messi o CR7. Se trata, por desgracia, de un proceso narcotizante donde el jugador estrella de turno es moldeado a la discreción de su propio club, para dar una imagen que interesa, y, en una muestra de desprecio supino a quien paga una entrada para verlos, no son accesibles para el público general, que, a la postre, es quien le paga los sueldos a estos fenómenos del balón. Se le pueden discutir a la prensa muchas cosas; se cometen errores en todas partes, sí, pero los medios son un motor radicalmente imprescindible para que nuestros grandes equipos de La Liga generen el interés mundial que era impensable hace no tantos años.

Volviendo a la NBA, ésta ha tenido que competir a lo largo de su historia (stuProj_20110131_02) con los otros 4 grandes deportes nacionales americanos (fútbol americano, béisbol y hockey hielo). Y no lo hace en igualdad de condiciones. Por poner un ejemplo cercano en el tiempo, esta temporada, la media de espectadores en un campo de la NFL (fútbol americano) ha sido de 67.000 espectadores, a diferencia de los 17.000 que de media acuden a ver partidos de la NBA, cifra ligeramente inferior, incluso, a la del hockey hielo. El tamaño de los estadios es clave, y por ello al baloncesto profesional americano no le queda otra que acercar su producto al mercado global. La NBA ve a sus estrellas como el activo que deben vender sin pausa para crecer. La mejor publicidad, gratuita y segura, son los medios. No se trata de ejercer el corporativismo. Es más simple: se trata de ser prácticos y permitir que el aficionado sepa en cada momento lo que sus ídolos piensan y hacen. Y aquí en EEUU eso no lo hace “Tele-Lakers” o “Suns-TV”, que, por cierto, no existen. La prensa en EEUU es completamente independiente en cuanto a deportes al menos. No se casa con nadie y dan toda la cera que consideran oportuna a los equipos sobre los que escriben. Y la NBA lo tiene que aceptar. Porque hay una competencia atroz. Porque en cualquier momento, con un “lock-out” o un escándalo de doping -como le pasó al béisbol- puedes caer en desgracia y ver cómo tus aficionados se pasan a otra cosa.

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Los americanos adoran las carreras de tractores.

No miento. Los americanos son esos señores que se divierten con carreras de tractores con remolque y tienen una federación deportiva de “Piedra-Papel-o-Tijera”. Les encanta la competición y el show. Se cambian de iglesia como nosotros de bar para tomar las tapas. Cuando está rojo el semáforo de turno, pueden girar a la derecha si no viene nadie. El coche del radar es el oficial y se ve a 300 metros de distancia. La gente te pregunta primero cuánto ganas y luego cómo te llamas. Alguno hace footing con casco, tirando de un carrito de bebé tuneado al que a su vez, ata al perro, en el sumum de matar dos pájaros de un tiro (si no se esnafra el pobre individuo antes). Lo más romántico que se le ocurre a algún novio es pedirle matrimonio a su novia en el descanso de un partido de hockey, con un 100% de posibilidades que ésta le diga que sí, y si se equivoca de chica con los nervios, esta otra tiene un 50% de opciones de decirle que sí, también. Los americanos son prácticos. Lo que no les gusta o les deja de gustar, lo abandonan de inmediato. Lo que no sirve, se tira. Por eso, la NBA vive en una necesidad permanente de superarse y crecer, en una inteligente campaña de expansión mundial que incluye la importación masiva de talentos extranjeros, la celebración de bolos veraniegos por sus mercados asiáticos y europeos, y, en fin, una fantástica organización de eventos deportivos que le da sopas a muchos.

Y ahora sí, hablo de la Liga LEBstuProj_20110131_02. De una inocua anécdota que protagonicé en primera persona. Algún segundo entrenador de la liga LEB que, hace mucho tiempo, salió enardecido a echarme de las cercanías de su vestuario porque uno hacía el post-partido radiofónico… “demasiado cerca” de la hermética puerta de su impenetrable vestuario-Fort-Knox. Pues ahí estaba ese hombre, fuera de sí, exigiéndome que me alejase, quizás por miedo a que se le conociese mejor, que nos interesásemos por él… que le vendiésemos su producto. ¡Quita! No le culpo. Es el hermetismo de siempre. Es lo que se ha hecho siempre. ¿Qué puedes hacer? Encerrarte. Como Messi.

Si alguien, equivocadamente, me pidiese mi opinión sobre cómo relanzar, con la que está cayendo, una liga como la LEB, yo, que no veo más allá de tres pasos y soy poco o nada original, cual mal estudiante, fusilaría toda esa parafernalia que hacen esos locos yankees. Y, sin mirar atrás, retransmitiría, aunque fuese por internet, cómo los jugadores LEB hablan antes y después de la ducha, cómo sufren, viven y disfrutan de su deporte, incluso cómo discuten porque nadie les pasan el balón. Pondría cámaras y micros por doquier, como llegaron a hacer con Bryant. ¡Que se oiga lo que se dicen los jugadores en un partido! El baloncesto real, auténtico… Retransmitiría hasta el casting para cheer leaders, para mascotas inverosímiles o para speaker de pabellón, y llevaría a los jugadores de gira por los colegios y hospitales, como hacen aquí las estrellitas NBA, interactuando con “la community”. Ideas raras y peregrinas, claro. Para fortuna de la LEB, yo estoy equivocado, seguramente. Posiblemente es todo “muy americano”. Pero a los lectores de Marca, como humilde reportero que soy, como intruso en las cocinas de los vestuarios de la NBA, les prometo, este año, por mucho que me pisen o me den codazos, que acercaremos la NBA a sus verdaderos dueños: aquellos que la viven con pasión. A sus pacientes aficionados. Y de estos hay muchísimos en España.